miércoles, 6 de febrero de 2008

las mil y una noches (fragmento de tomo VI - conclusión)

"¡oh sherezade! ¡cuán espléndida es esa historia! ¡oh! ¡qué admirable es! me has instruido, ¡oh docta y discreta! y me has hecho ver los acontecimientos que les sucedieron a otros que yo, y considerar atentamente las palabras de los reyes y de los pueblos pasados, y las cosas extraordinarias o maravillosas o sencillamente dignas de reflexión que les ocurrieron. y he aquí en verdad, que, después de haberte escuchado durante estas mil noches y una noche, salgo con un alma profundamente cambiada y alegre y embebida del gozo de vivir. así, pues, ¡gloria a quien te ha concedido tantos dones selectos, ¡oh bendita hija de mi visir! ha perfumado tu boca y ha puesto la elocuencia en tu lengua y la inteligencia detrás de tu frente!”

2 comentarios:

Fran dijo...

Los cuentos de Sherezade están llenos de amor y sabiduría. He encontrado un escrito muy sabio que habla de amor y que expone muy bien, mejor de lo que yo haría, lo que es mi pensamiento sobre este tema.
Aunque tenga que reconocer que todavía yo no he conseguido alcanzar tanta perfección, quiero compartir contigo estas bellas palabras.
“El amor contrariamente a lo que coloquialmente se afirma, no es un asunto carnal, de hecho trasciende el Corpus Mundi.
Una vez habiendo superado el mundo material se podría suponer, que entonces el amor procede del mundo de los sentimientos, pero como mas tarde veremos, el amor no es un sentimiento, por lo que podremos afirmar que el amor también trasciende el Anima Mundi.
El amor es atención en estado puro, libre de influencia del pasado (recuerdos) o de cualquier expectativa futura. El amor solo existe en el presente, es la observación de la realidad, de lo que es, de lo que ocurre.
Cuando una madre está con su hijo recién nacido, no piensa en nada, no espera nada, solo está con él, observándolo, como se mueve, como respira, si tose, si se ríe, si llora, etc., la madre solo observa al niño.
Esto no significa que el amor vuelva a una persona en un ente pasivo, ya que esta atención pura, interconecta los sentimientos de ambos. Si el niño ríe, la madre ríe, si el niño llora, la madre sufre y se pone triste. Esto es lo que se llama compasión, que consiste en compartir no solo las penas, sino también las alegrías.
La compasión nos pone en la situación de quien observamos, y como sentimos lo que él siente, esto nos lleva a reaccionar y actuar, porque su dolor es nuestro dolor y su alegría es nuestra alegría.
Esta “atención pura” es inefable, lo cual nos da un indicio de que proviene del espíritu o de un origen aun más profundo y originario que el mismísimo Spiritus Mundi.
La fuente de la que emana eso que llamamos “Amor”, lo cual es una especie de “atención en estado puro”, ha de ser inmutable y eterno, dos condiciones “sine qua non” de lo real y verdadero. Estos son precisamente los atributos del principio creador, eterno e inmutable y por ende real y verdadero.
Muchos nombres ha recibido este principio creador Re-Amen, Yehovah, Dios, GADU entre otros, pero el nombre es lo de menos, lo importante es entender que la realidad, es el reino de lo real (es decir de lo verdadero), y para que esto sea así, sus fundamentos y origen han de ser verdaderos, lo que implica que la realidad se fundamenta y origina en algo que es eterno e inmutable.
Pues bien DIOS (Re-Amen, Yehovah, GADU, etc) es la fuente que ilumina por medio de su verbo (inefable) nuestro espíritu, el cual a su vez proyecta su LUZ sobre nuestra alma y cuerpo. Esta LUZ es la atención en estado puro, que llamamos Amor, y que a su vez produce la Lucidez y la Compasión. Este Amor es el único y verdadero antídoto contra los prejuicios.
Por su parte los prejuicios son una enfermedad del alma, se alimentan del pasado y se proyectan en el futuro. Nunca están en el presente, por lo que no son reales, son las sombras de la ignorancia, que ocultan la Luz verdadera del presente.”

Anónimo dijo...

Hola a Lola, la chica en rojo.
V.